Cuidum advierte de que la autogestión de la subida salarial es un foco de fricción que podría disparar la rotación y afectar a la continuidad de los cuidados.
VALENCIA – La reciente actualización del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) a 1.221 euros brutos mensuales (en 14 pagas) ha colocado a miles de familias empleadoras en una encrucijada que va más allá del bolsillo. Tras una década acompañando a familias, Cuidum, empresa especializada en la atención domiciliaria, alerta de que el verdadero peligro de esta subida no es el incremento económico en sí, sino la erosión de la confianza cuando la gestión laboral se hace de forma inadecuada e intuitiva.
El nuevo SMI tiene carácter retroactivo desde el 1 de enero, lo que obliga a abonar atrasos y regularizar tramos de cotización. Esta complejidad técnica, si no se comunica o calcula con absoluta transparencia, se convierte en un riesgo silencioso. En un sector donde más del 70% las cuidadoras ya rechaza empleos debido a condiciones poco claras o exceso de requisitos, cualquier malentendido administrativo puede ser el detonante para que la trabajadora abandone el hogar.
El riesgo invisible: cuando la gestión afecta al vínculo
Cada actualización normativa implica revisar tramos de cotización, ajustar bases y reflejar correctamente los cambios en nómina. Para muchas familias que asumen el papel de empleadoras sin experiencia previa, este proceso resulta mucho más complejo de lo que parece.
Desde Cuidum subrayan que el problema no suele ser la falta de voluntad, sino el desconocimiento técnico: “Muchas familias gestionan directamente la relación laboral pensando que es un trámite sencillo, pero pequeños errores pueden generar malentendidos que afectan notablemente a la confianza”. En el cuidado domiciliario, esa confianza es esencial. Y cuando esta relación se deteriora por cuestiones administrativas mal gestionadas, quien más lo sufre es la persona atendida. El vínculo de confianza, que tarda meses en construirse, puede perderse por un error técnico evitable, provocando una rotación de la cuidadora que estresa y desorienta al mayor.
Profesionalizar la gestión para proteger el cuidado
La subida del SMI busca dignificar el sector, pero también destapa la vulnerabilidad de las familias que asumen el papel de empleadoras sin asesoramiento especializado. El cuidado domiciliario real es exigente: implica desde movilizaciones y aseo hasta el control de medicación, tareas que generan un desgaste físico y emocional importante.
Regular correctamente las condiciones no es solo evitar multas de hasta 12.000 euros; es proteger la tranquilidad del hogar. “Cuidar es mucho más que acompañar“. Cuando la gestión es transparente, se refuerza el vínculo humano que sostiene el cuidado y se evita que las familias tengan que empezar de cero en la búsqueda de una profesional.
En este contexto, delegar la selección y el seguimiento continuo de la relación laboral permite que la familia y la cuidadora se centren en lo único que importa: un cuidado real, humano y, sobre todo, estable. Más que una cuestión administrativa, se trata de proteger la estabilidad de un servicio donde la continuidad es tan importante como el propio salario.
